
La fuente de este articulo es el foro de cruceros www.lamardecruceros.com
Por todos los océanos, contra vientos y mareas, ciudades flotantes de un porte casi inimaginable hacen realidad los sueños de los turistas de hoy y los navegantes de antaño: dominar los mares, viajar de un polo al otro por unos cuantos euros, dar la vuelta al mundo en 25 días y ser libre, ver el horizonte y regresar.
Un barco enorme, blanco, lustroso, elegante. Varios pisos de cubiertas con gente feliz, que saluda desde las barandas mientras suena la sirena de partida. El capitán y la anfitriona, que reciben sonrientes a los rezagados. Un médico simpático, el bartender galán, las reposeras al borde de la piscina. Los camarotes, que invitan a dejar el equipaje y anticipan el comienzo de la diversión: destinos exóticos, sol, descanso y, con suerte, pasión. Entre los 70 y los 80, esa travesía se repetía, cada semana, a bordo de "El Crucero del Amor". Y los viajes nunca fueron más románticos.
Siempre es un buen momento en el año para planificar un crucero. Hoy, las ofertas se multiplican y permiten ajustar presupuestos, desde recorridos más extensos y lujosos por Europa y Oriente, hasta paseos puntuales por algún rincón de las islas griegas, el Caribe, la Antártida o los fiordos noruegos.
Antes de hacer las maletas, conviene repasar por qué, a pesar de no ser más el medio de transporte apto para cruces interoceánicos, los cruceros siguen estando al tope de las preferencias de viajeros de edades, culturas y orígenes diferentes. Se trata de verdaderos hoteles cinco estrellas flotantes, con todos los estímulos y servicios pensados hasta el más mínimo detalle: comida y bebida non stop las 24 horas, entretenimiento permanente, vida social asegurada y la posibilidad de ver varios lugares en un tiempo reducido.
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